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Cinnamomum zeylanicum o Canela, cautivó la mente y los corazones de las civilizaciones, desde hace 4000 años. Las varas de canela originarias de Ceilán, siguieron la “Ruta de la Canela” por mar y tierra, a lo largo de la costa occidental india, a través de las naciones árabes en Egipto, y deteniendo en la gran ciudad de Constantinopla para ser comercializada en toda Europa.

Desde los tiempos de Herodoto, Nero de Vasco da Gama, se percibió una gran demanda de Canela, un exótico producto cuyos orígenes fue un secreto bien guardado por los comerciantes árabes, que deseaban mantener el monopolio del comercio de la canela en Constantinopla. La canela se comercializaba en toda Europa para su uso en perfumes, así como para preservar los alimentos por más tiempo en los períodos de invierno; fueron los Venecianos de Italia, quienes mantuvieron el monopolio en Europa, después de comprar a los árabes.

Encontrada en los ritos del Tabernáculo en Palestina, como incienso en las Iglesias Europeas, la Canela también muestra su color, en historias de manuscritos antiguos en donde se dice que las prendas queridas de Salomón derrochaban la fragancia de esta especia. Los hebreos la necesitaban para sus rituales religiosos, los egipcios ... para embalsamar a los muertos. Asia y África para saborizar sus alimentos;  el mundo árabe consideraba la Canela un ingrediente importante en sus perfumes, mientras que Roma la usaba en sus vinos.

Una mera corteza, la canela en rama ha mantenido al mundo bajo el poder de su fragancia, natural y con bondades medicinales, durante cientos de generaciones.

A pesar del tiempo, la producción de canela pura ha permanecido y ha conservado su origan natural en Sri Lanka, una isla en el Océano Índico, alguna vez conocida por los comerciantes como Serendib, o más famosa como Ceilán. Es aquí, donde aún se puede encontrar Canela Pura de Ceilán, garantizando su verdadera fragancia exótica, sabor único y de mágicos valores medicinales.